4 de Febrero. Diario de un corredor

4 de febreroQuerido diario, hoy es miércoles 4 de Febrero, de nuevo la nieve tiene tomada mi monte, mi pueblo, mi sierra, así que toca correr, o por lo menos intentarlo, sobre esta superficie resbaladiza y que no ayuda mucho a mi desplazamiento.

E imagino que ahora os preguntaréis, si tanto te quejas, ¿por que no corres por pista?, o en cemento, bueno, es verdad me quejo por afición, y por vaguería, ya que si no me quejara tendría que salir a correr aunque nevara, y bueno no todo es siempre guay y super bueno ¿no?

Cierto que antes yo corría por la ciudad, y tengo compañeros que aun lo hacen, les admiro, ya que yo ya no podría realizar ese cross urbano, aunque imaginarlo, o compararlo con mis paseos actuales no está mal.

4 de febreroSalgo del portal, y me encuentro con cemento, no con un bosque al lado de casa, tierras, árboles, y si cemento, farolas, carreteras,…, vale me olvido del entorno, y empiezo a correr, poco a poco voy cogiendo ritmo, y de repente aparece un árbol sin ramas, y con una luz roja que me obliga a detenerme, no me deja pasar, y además que ni se me ocurra intentarlo, ya que por delante no paran de pasar a toda velocidad una serie de animales extraños, que a veces emiten un ruido estridente, y mas cuando alguno parece que nos se mueve, los miro asombrado, mientras a mi lado otro corredor no para de dar saltitos, yo me pregunto que para que serán esos saltitos, ya que si no podemos avanzar, ¿de que me vale saltar en el sitio?, tendré que estudiarlo, ¿igual gracias a esos saltos repongo energía cinética que me hará salir más rápido cuando el árbol cambie de color?, pues para eso me quedo en casa dando saltitos, de repente la rama cambia de color, se pone verde y podemos pasar, ¡¡bien!!, los animales (de todos los colores y formas posibles) se paran, y nos permiten continuar nuestra marcha, ahora si, empiezo a coger velocidad y ritmo, evitando los árboles con colores rojo y sigo por donde veo los árboles verdes.

Después de un rato corriendo y para no olvidarme de los agujeros del campo, salto unos cuantos agujeros en la acera, en eso no difiere la ciudad tanto del campo, pero de repente me encuentro con varias personas cerrándome el paso, van andando tranquilos, hablando  y ocupando la acera entera, mi primera opción es tirarme a la carretera para adelantarles, 4 de febreromiro de reojo, y menos mal que miro, el autobús me pasa rozando, prefiero intentar pedir el paso a los transeúntes. Estos al final se apartan mirándome con muy mala cara, no quiero ni imaginar lo que irán murmurando sobre mi. De nuevo aumento mi ritmo, esto va mejorando, y a lo lejos veo un parque, ¿Quién dijo que en la ciudad no hay campo?, ya casi en este oasis verde sobre el gris del cemento, me encuentro con perros, niños con pelotas, bicicletas, ahora empieza el entrenamiento de calidad, cambios de ritmo, frena que no te choques con la bici, cambios de dirección, zigzag para evitar a varios niños jugando al pilla pilla, saltos selectivos, cuidado con la correa extensible del perro, sáltala para no tropezar…

Al final el parque resulta más divertido de lo que yo pensaba, pero decido abandonarlo, quiero más aventuras, más recorrido, más distancia, así que me alejo todavía más de mi inicio, y cuando me quiero dar cuenta llevo ya corridos 35 Km, pero ahora viene la mejor parte de todas, no no voy a dar la vuelta y hacer otros 35 Km hasta el portal, digo la palabra mágica del runner de ciudad, ¡¡Taxi!!, y la vuelta está asegurada. 

Casa, ducha y descanso merecido, ¿quien dijo que correr por ciudad fuera fácil?

 

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